domingo, 24 de marzo de 2013

Capítulo 06 - El secreto de Dalia.


Pasaron dos semanas que resultaron insufribles para Spencer. Dalia no le habló en todo ese período de tiempo y ya no sabía que hacer. Había tratado de entablar conversación con ella una docena de veces y la rubia o no le respondía, o fingía que no le había escuchado, o cualquier basto intento de ignorarla. Turpin se encontraba sumamente desconcertada, no consideraba que aquella pequeña discusión pudiera ocasionar tanto rencor. La rubia desaparecía en los recreos y en algunas clases y Spencer cada vez sentía más curiosidad por saber que le ocurría; porque era evidente que algo le sucedía.

Quizá lo único positivo fue que había conseguido acostumbrarse al vacío y a los insultos de sus compañeros. Siempre eran los mismos y acabó por transformarlos en rutina. Algunos días Parker le hizo compañía en los recreos, los momentos con él eran incómodos, pero a la vez agradables. Era un chico muy complejo. Todo lo que hacía Spencer le hacía reír. Aun así, Spencer no consideraba que ellos dos fueran amigos del todo. En todo caso, buenos compañeros.

Luego estaba el asunto de Rimes. Ese chico sí que era un auténtico rompecabezas. Desde que Spencer le vio interpretando aquella canción con el piano, siempre que le veía una sensación recorría su cuerpo comprimiéndola y haciéndola sentir indefensa. Cuando sus ojos se cruzaban sólo recibía miradas de odio por parte de él y si estaba ocupando el lugar por donde el señorito quería pasar se llevaba un empujón. A pesar de ello, Spencer sentía que había una cara oculta en él. Una cara que pocos debían conocer.

Fue un jueves el día en que sucedió algo inesperado. Spencer trató una vez más de aclarar el problema con Dalia.

Cuando el timbre anunció el final de las clases, Spencer recogió las cosas lo más rápido que pudo. Llevaba un libro en mano con el estuche y el bolso ligeramente abierto. Vio como Dalia se levantó y fue en dirección hacia la puerta. Se apresuró por alcanzarla cuando una mano le propinó un empujón que la llevó al suelo. Sus libros salieron disparados del interior de su cartera y el estuche atravesó el aula hasta llegar al otro extremo. De rodillas, en el suelo, Spencer pudo ver como Dalia ya no estaba y desde la puerta vislumbró una mirada de Parker que parecía divertirse con lo sucedido pero sin malicia. Ese chico sí que era raro.

Se giró ante la responsable de su caída. Se trataba de una chica de pelo castaño oscuro y completamente rizado. Sus ojos eran claros y se reía forzadamente de ella. Era guapa. Como toda la mayoría de chicas de ese instituto. Al lado de ella, había otra chica con la melena de un rubio opaco, también encantadora. Un golpecito hizo que se girara de repente. Sentada sobre la mesa del profesor estaba Emma Miller, que la observaba atentamente a través de sus ojos negros, decorados con esas espesas pestañas mientras sus carnosos labios dibujaban una sonrisa indescifrable. Aquello sorprendió a Spencer.

Spencer se sintió como un cactus rodeado de rosas. Ella y Miller se miraron fijamente por un instante hasta que la segunda saltó silenciosamente de la mesa y abandonó la estancia. ¿Qué era aquello? No entendía nada.

¿Cómo te atreves a seguir viniendo aquí? —cuestionó la de cabello rizado.

¿Qué...? —balbuceó Spencer sin saber que decir. Se habían quedado solas las tres.

Sabes de sobra a qué me refiero.

No pudo responder porque una persona estaba apoyada en el marco de la puerta con una mueca de superioridad en su armónica cara. Entró con parsimonia al aula mientras atravesaba con su mirada gris a una aturdida Spencer.

¿Qué pasa aquí? —preguntó Rimes.

La chica que llevaba la voz cantante le dirige una mirada juguetona. Se acerca a él y le rodea el cuello al rubio rojizo con sus brazos mientras roza con sus labios la mejilla de éste.

Estaba diciéndole un par de cosas a la pobretona —respondió ensimismada ante Rimes sin despegar los brazos de su cuello. Él permanecía impasible, como una estatua.

Sue, ya está bien... —dijo la amiga mientras tiraba ligeramente de la chaqueta del uniforme de su compañera.

Pero Sue hizo caso omiso y pegó sus labios junto a los de Rimes mientras él seguía sin devolverle ninguna muestra de afecto. Simplemente se dejaba hacer.

Spencer contemplaba la escena atónita.

«Vaya, así que tiene novia...» —pensó.

Lo que vino después fue algo que la conmocionó un poco: Una vez que Sue se separó de él, la rubia agarró del brazo a Rimes y se colgó de él, abrazándolo.

Jo, Marilyn... —se quejó Sue.

«¡Pero bueno! ¿Qué está pasando aquí?» —volvió a pensar muerta de rabia. «¿De qué va este tío? »

Cuando se dio cuenta de la situación en la que se encontraba, se apresuró a recoger las cosas del suelo. Se puso en pie tambaleándose a causa de los nervios que le provocaba aquel percal y fue directa a la salida de la clase.

¡Eh! —llamó Rimes.

Spencer frenó en seco.

Se te ha olvidado coger el estuche —apuntó señalando el estuche tirado en el suelo.

Ella lo cogió con vergüenza y volvió a dedicarle una mirada hostil al chico, que le sonreía burlonamente. Pronto se fijó en que tanto Sue como Marilyn la estaban mirando rebosantes de furia y salió de allí lo más deprisa que pudo.

Mientras caminaba a paso ligero por el patio del centro, miraba su reloj de muñeca una y otra vez, a la vez que maldecía a todo el instituto porque había perdido el autobús y le tocaba ir andando hasta su casa.

***

Bruce Rimes observaba desde la ventana del aula como Turpin se alejaba por el patio. Parecía algo solitario y estaba absorto en sus pensamientos.

Oye Bruce... —susurró Sue mientras se colgaba de su brazo y Marilyn se reía nerviosamente a su otro lado—. Esa chica es tan estúpida... No creo que dure aquí mucho más.

Él le dedicó una mirada de soslayo y la apartó de sí con brusquedad.

No es necesario que os metáis con ella.

Ambas se sorprendieron.

¿Cómo qué no? —interpeló Sue.

Pues que a esa chica solo la molesto yo —explicó con algo de tirria.

Bueno... ¿Por qué no vamos al nuevo club que han abierto? Creo que se llama Bacio del Paradiso... es italiano —propuso Marilyn para aliviar tensión.

¡Eso! —animó Sue—. Hace mucho que no salimos juntos a divertirnos.

No quiero —cortó él.

¿Qué? ¿Por qué no?

Porque no.

Venga... Pero si antes siempre salías con nosotras —insistió Sue.

Pero ahora salir con vosotras es aburrido y cansino —replicó Rimes.

Acto seguido, abandonó el lugar. Ambas chicas se miraron dubitativas en la sala.

Estúpidas —dijo repentinamente una voz.

Emma estaba en la puerta mirándolas. Había vuelto a aparecer de sorpresa. Tenía el rostro serio, sin expresión. Idealizado.

No os metáis en mi terreno —advirtió Miller a las chicas.



Spencer había avanzado apenas una calle cuando sintió como la agarraban violentamente del brazo.

¡Ay! —dejó escapar un quejido. Su expresión se volvió de antipatía al ver a Rimes. Se desprendió de su mano—. ¿Se puede saber qué quieres?

Creo que no te he molestado lo suficiente —comentó con sorna.

Oh, no lo creas. Verte ya es molesto de por sí —continuó caminando Spencer, tratando de ignorar a su acompañante.

¿Has perdido el autobús?

No te importa —repuso distante.

Lo tomaré como un sí.

Rimes volvió a sujetarla, pero esta vez pasó su mano por el hombro de la chica, provocando que a Spencer le diera un vuelco el corazón. Le dio un manotazo en el brazo para quitárselo de encima.

¿Qué haces? —interpeló Turpin.

Llevarte a casa.

Ella frunció el ceño. Una limusina se detuvo justo al lado de ellos. Un hombre mayor vestido de uniforme y con un sombrero de chófer salió del automóvil. Parecía sacado de una película. Abrió la puerta trasera y con una leve reverencia dijo:

Señor Rimes...

Gracias, Sebastian.

Sonrió con calidez al hombre y la chica, ya bastante alucinada con la limusina, se sorprendió ante el gesto.

Ven, vamos —dijo Rimes empujándola con suavidad por la cintura.

Spencer subió obedientemente a la par que se maldecía por hacerlo. Aquellos lujos la abrumaban y no sabía que hacía. Iba a volver a casa en limusina. La simple idea la emocionaba en lo más profundo de su ser.

Observó la tapicería del asiento, que era de un color rojizo y muy cómodo. Vio la pequeña televisión y el teléfono que les separaba de Sebastian y nuevamente sintió que desentonaba en aquel sitio. Aquella limusina era otro mundo. Se trataba de un largo pasillo de asientos acolchados que contaba con un mini bar. No era como aquellas que había visto alguna vez en reality shows; ésta contaba con un diseño más retro y conservador. Elegante y refinado.

Rimes se sentó enfrente de ella tras haberse hecho un cóctel Black Velvet: Una combinación de Korbel y Guiness, de la cual Spencer desconoce su sabor, al igual que el de todas las bebidas alcohólicas. Nunca ha tomado una sola gota de alcohol y nunca ha sentido curiosidad ni nada similar por ello.

Con las piernas cruzadas y mirándola del mismo modo que mira una pantera a su presa, daba pequeños tragos a su bebida.

Spencer carraspeó.

Bueno... ¿Puedo saber qué mosca te ha picado?

Bruce arqueó una ceja.

Ninguna.

Entonces, ¿por qué te da ahora por llevarme a casa? ¿De qué vas? —preguntó indignada.

Porque me pareces divertida —dijo dando otro sorbo a su bebida—. Y porque no entiendo como puedes subir a ese nido de gérmenes todos los días para ir a casa.

¿Qué?

Eso.

Los menores de edad no deberían beber alcohol —dejó escapar ella.

Inmediatamente, Rimes soltó una carcajada.

Además de pobre, mojigata.

Estúpido —bufó—. No te he pedido que me llevaras. Por mí puedes dejarme aquí.

Pero yo quiero llevarte.

Y yo no entiendo por qué. ¿Acaso intentas compensar lo de aquel viernes? Aquello no se me ha olvidado y no te voy a perdonar. Entérate.

Oh. No busco tu perdón. Ni me interesa —hizo una mueca que pretendía ser una sonrisa—. Verás, para mí eres como una especie de juguete. Un juguete con el que me gusta jugar.

Irónicamente, a Spencer no le sorprendió aquella declaración. Estaba comenzando a acostumbrarse al egocentrismo y a la tiranía de Rimes.

Eres despreciable —declaró.

Él sonrió torcidamente.

Es posible.

No sé que vas a conseguir con esto.

Yo tampoco —murmuró él, pero Spencer no lo entendió.

Puedes parar aquí. No quiero seguir respirando el mismo aire que tú.

Eso debería decirlo yo — dijo Rimes mirándole con hostilidad.

Antes de darse cuenta, la limusina ya estaba en la entrada de su casa. Sebastian le abrió la puerta.

Oh, no era necesario abrirme la puerta...

No se preocupe, señorita. No es problema.

¡Claro que no! Es su trabajo —dijo Bruce.

Me voy. Gracias por traerme —se dirigió a Sebastian educada y amable.

No hay de qué —respondió el anciano.

¿Y a mí no me das las gracias? —preguntó Rimes jocoso.

Claro que no.

¿No quieres que te acompañe a la puerta?

No.

Pues lo haré.

Y bajó del coche. Spencer puso los ojos en blanco. Nunca entendería que se le pasaba a ese chico por la cabeza. Ella no tenía nada interesante. Ni siquiera era particularmente llamativa para meterse con ella. No daba mucho juego para ello.

Él caminó con ella hasta que hubo introducido sus llaves en la cerradura.

Ya puedes irte.

Spencer le miró fijamente a los ojos. Aquellos ojos verde grisáceo, tan especiales, tan profundos, tan intensos... Inevitablemente recordó aquel encuentro con él en el aula de música y se ruborizó al instante.

Rimes sonrió y Spencer tuvo la sensación de que era algo dulce. Poco típico en él. A continuación tiró de la coleta de la chica, dejando caer su larga melena oscura libremente. Le dio la goma del pelo y acarició un mechón de su cabello con sus largos dedos.

Te favorece más el pelo suelto —dijo, con gesto absorto. Pronto se dio cuenta de su acto—. Bueno, me voy. Te veo mañana.

Spencer no respondió. Entró en casa a toda prisa. El corazón le latía fuertemente, ¿qué había sido aquello? ¿Cómo que le quedaba mejor suelto? ¿De qué puñetas iba?



A la mañana siguiente, Spencer permaneció largo rato embobada frente al espejo del cuarto de baño. Se miraba su melena suelta y se preguntaba si era verdad que le favorecía. A ella siempre le había gustado llevar el pelo suelto, pero su madre no consentía aquello. Barbara quería que fuera cuanto más presentable mejor a aquel estúpido centro privado, cumbre de la mala educación y consentimiento de muchos padres sobrados de dinero cuyos hijos son incapaces de pensar por sí mismos. O eso pensaba Spencer. Quizá Parker era el único que se alejaba de esa imagen, o Dalia. Dalia... ¿Hasta cuánto tiempo iba a estar sin hablarle? Se acarició el mismo mechón de pelo que acarició Rimes el día anterior y casi instantáneamente se sonrojó.

Argh ¿En qué puñetas estoy pensando? —gruñó para sí.

El traqueteo de la puerta del baño la sacó de su ensimismamiento.

Pen, ¿piensas salir del baño algún día? —se trataba de Benjamin.

¡Ya voy!

Abrió la puerta del baño y se encontró a su hermano frente a ella de brazos cruzados.

¿Qué miras? ¿Eres un booger que estás en la puerta del baño? —preguntó Spencer fingiendo seriedad.

Muy graciosa. Llevas siglos aquí encerrada, necesitaba entrar —recriminó él.

Bueno, pues ya tienes el baño libre.

Apenas avanzó por el pasillo cuando su hermano la llamó.

Por cierto, Pen, ayer vi a Lisa... Me comentó que estaba pensando en llamarte.

Al oír ese nombre, Spencer sintió una punzada de melancolía en el pecho. Lisa y ella estaban tan unidas que le resultaba triste pensar que desde que entró a Richroses no tiene ningún tipo de noticia de ella.

Ah... Muy bien —se limitó a decir ella.

Últimamente estás muy borde —comentó Benjamin y acto seguido se encerró en el baño.

¿Borde? ¿Ella? Era posible, sí... Pero con su hermano era, quizá, la persona con la que menos borde debía de comportarse.



Al entrar a clase pudo apreciar que Dalia no había venido ¿Dónde se metería esa chica? Ya había apreciado que desaparecía algunas horas y reaparecía en otras. Cuando se sentó en su pupitre vio que estaba completamente rallado. Le iba ser imposible escribir sobre esa superficie. Las horas pasaron, para su sorpresa, más rápido que otros días. La alarma que anunciaba la hora de comer sonó y en un par de segundos después una sombra chocaba contra su pupitre.

Hola, Parker... —murmuró ella.

¿Quieres que comamos juntos? —preguntó él con una sonrisa de oreja a oreja. Era la primera vez que él le ofrecía comer juntos.

Vale —le devolvió la sonrisa.

Sentados en el césped del patio, comenzaron a comer. Más bien, Spencer comenzó a comer. Thomas se limitaba a observarla.

Me pone nerviosa que me mires tan fijamente —dijo ella.

Lo siento —sonrió.

¿No te vas a comprar nada de comer?

No tengo mucha hambre, la verdad.

Ya... —murmuró.

¿Puedo probar un poco?

Aquella pregunta sorprendió a la chica.

Eh... sí, sí, claro —dijo algo nerviosa mientras le extendía su fiambrera con empanadillas caseras. Le ponía algo nerviosa pensar que iba a probar un niño rico su comida.

Está muy rico.

Spencer le sonrió, pero pronto su mirada se volvió algo dolorida.

¿Qué pasa? —preguntó Thomas.

No es nada...

Él frunció el ceño. Parecía un perrito.

¿Aún no te has reconciliado con Dalia?

La chica le miró al oír ese nombre y resopló asintiendo.

Es imposible. Entre que unos días no viene a clase y que, cuando lo hace, me evita descaradamente...

Thomas acarició el hombro de la chica.

No te preocupes, seguro que dentro de poco lo arregláis —dijo él tratando de consolarla—. No me has dicho por qué os peleasteis.

Oh, bueno, porque... —le daba vergüenza decirle a Parker que trató de averiguar si sucedió algo entre ellos dos de forma poco sutil—. Porque le estuve preguntando una cosa que ella no quería responder.

¿Qué cosa?

Spencer le miró fijamente, seria.

Dime Parker... ¿Te gusta Dalia? ¿Ha sucedido algo entre ella y tú alguna vez? —cuestionó directamente.

Él se mostró claramente sorprendido ante las preguntas pero pronto en su cara de sorpresa se dibujó una sonrisa que resultaba algo misteriosa. No era como su sonrisa inocente habitual.

¿Quieres saberlo? —preguntó y Spencer asintió con la cabeza, expectante—. Bien, pues es una historia muy larga, así que te la contaré luego. Al finalizar las clases te espero en el aula de desdoble siete.

¿Por qué ahí?

Ya lo verás...

A lo lejos, observándoles, había una figura alta de pelo rojizo. Rimes contempló el instante en que Parker posó su mano inocentemente en el hombro de Spencer y una oleada de rabia se agitó en todos los rincones de su interior. Apretó los puños. Le sacaba de quicio aquella chica.


Finalmente llegó el final de las clases. Spencer recogió todo lo más rápido que pudo cuando vio que Parker ya había salido de clase. Estaba impaciente por conocer aquella historia. El aula de desdoble no estaba muy lejos de la suya, por lo que no le fue muy difícil encontrarla. Sin embargo, lo que encontró dentro de ella no era lo que esperaba.

El aula estaba entreabierta y pudo oír algunas voces salir de ella. Dio un leve empujón para poder asomar la cabeza y ver si estaba Parker dentro y, si era así, con quién. Se encontró con una pareja apoyada a un pupitre. Se estaban dando un beso. La chica estaba colgada del cuello del chico y Spencer solo podía ver la espalda de ambos. Pero cuando se separaron vio el rostro del hombre pronunciando el nombre de ella. “Dalia” salió de la boca de la persona más inesperada. El profesor Wells. Aquel atractivo profesor de educación física y Dalia, juntos, en un aula vacía, a oscuras.

El corazón de Spencer frenó. Estaba en shock. Aquella imagen era un gran impacto para ella. No se lo podía creer. No entendía nada. Salió corriendo de allí en dirección al final del pasillo sin poder borrar aquella imagen de su mente. Cuando fue a doblar la esquina chocó con una persona ¿Parker? No, Rimes.

Ella se quedó quieta cuando le vio. Y su corazón aun comenzó a palpitar con más velocidad que antes. Spencer permaneció mirándole fijamente y este hizo lo mismo, pero su mirada era cruel, muy diferente a la de los últimos días.

¿Se puede saber que haces? —preguntó él con un tono de voz seco, distante, malvado.

¿Eh...?

¡¡Quítate de en medio, pobretona!! —gritó Rimes propinándole a la chica un fortísimo empujón que la llevó al suelo.

Spencer, en el suelo, miró con sorpresa y miedo a Rimes. Estaba tan aturdida que le costaba levantarse. Un ruido tras ella provocó que se girase. A lo lejos estaba Dalia, que se había asomado para ver que era aquel escándalo. Cuando la vio no pudo evitar sentir como la impotencia se apoderaba de ella y casi sin querer un par de lágrimas se escaparon de sus ojos. No podía asimilar que acababa de pasar. Que estaba pasando.

¿No te piensas levantar?

Volvió a mirar a Rimes. Rimes, ese demonio. Se levantó nerviosa, tambaleándose levemente, y fue directa a arañar la cara de Bruce. Él no tuvo tiempo de apartarse, por lo que se quedaron grabadas dos marcas en su perfecta piel.

Spencer salió disparada de ahí. Menos mal que era viernes y tenía un fin de semana por delante para maldecir a todas esas personas. Y Parker... ¿Le dijo aquel lugar porque sabía lo que se iba a encontrar? Algo le decía que sí. Era muy consciente de ello.

10 comentarios:

  1. Me encanta, echaba de menos leer capítulos. Está muy bien y tengo muchísimas ganas de leer el siguiente :)

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  2. O.O Pero... Pero... Pero... ¿Qué es lo que esta pasando aquí? Dios miooo. XD Por cierto, ¿soy la única que piensa que Bruce es Bipolar?XD por que ahora mismo es lo que pienso. POR CIERTO UN ERROR QUE HE VISTO: Cuando dices "como todas la mayoria de las chicas..." o lo pones entre comas o quitas la mayoria o el todas porque queda raro eso. POR LO DEMAS, ¡¡MI ENHORABUENA!! Tienes mucho talento

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    1. Jajajajajajajaja, estoy haciendo una telenovela xDDDDDDDDDDDD No encuentro lo del fallo, (y que sí, es un fallo de incoherencia que se me ha escapado), en el texto. ¿En qué párrafo está exactamente? Y sí, Bruce es un poco bipolar, pero es que ni él mismo se entiende. Gracias por leerme una vez más :3

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    2. En el párrafo que pone"Se giró ante la responsable de su caída..." Pues tengo ganas de saber como desenmarañas todo esto. Será divertido. xD

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    3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  3. me encanta!!! avisame cuando subas mas!! por cierto yo tambien he subido nuevos www.almasnegrashf.blogspot.com

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  4. Me ha encantado y lo de Dalia es un poco impactante pero le da al libro algo especial , espero que subas el siguiente pronto :)

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  5. Me ha encantado!!! Esta historia cada vez se pone más interesante!!!! No tardes en subir el siguiente que tengo muchísimas ganas de leer más!!!

    Bss

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  6. Madre mia, acabo de terminar los pocos capítulos que llevas y aquí vengo a darte mi opinión más sincera: Estoy enganchadisima a tu novela. Te expresas más que genial, lo narras genial, la historia tiene enganche. Sinceramente esta es la mejor historia en blog que me he leído y de las pocas que me han enganchado tanto como lo hace la tuya. Te doy la enhorabuena por la grandisima historia que llevas y lo bien que escribes, encanto. Da gusto leerte. Espero el pròximo cap.

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  7. Oooooh....madree....miaaa!!!! Estp es muy fuerte pero qe muy muy fuerte...no pensaras dejarme con la intriga verdaa??
    Aiii madre SOGUIENTEEEEEE PORFAVOOOR!!! *-*

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