domingo, 12 de mayo de 2013

Capítulo 07 - Entre miradas.


El sonido del móvil la despertó la mañana del sábado. Se desperezó vagamente en la cama. ¿Qué hora sería? Con un movimiento de brazo similar a un zombie de La noche de los muertos vivientes, agarró el teléfono. Antes de pulsar el botón de “descolgar”, carraspeó.

¿Sí...? —dijo con la voz irremediablemente ronca.

Pen, ¿no estarías durmiendo?

La voz le resultaba indudablemente familiar. Se irguió en la cama con dificultad, ahogando un bostezo.

¿Lisa? —preguntó.

¡Coooorrecto! —exclamó.

Spencer no pudo evitar sonreír.

Hacía tiempo que no sabía de ti... —comentó.

Lo mismo puedo decir yo —replicó Lisa—. “¿Acaso ha hecho nuevas amigas en esa escuela de niños pijos?” Pensaba eso. Bueno, ya que no me llamabas.

Se rascó la cabeza antes de responder.

Yo también me sentía así... Excepto en lo de los niños pijos, tú sigues yendo a un instituto público.

Fíjate que tontas somos. Te llamaba para decirte que el próximo sábado vamos a salir a cenar. Iremos el viejo grupo. Y tú no podías faltar.

¡Sí! Por supuesto, ¿a qué hora? —preguntó Spencer emocionada a la vez que se apartaba la manta de encima para salir de la cama.

Pues nos vemos el próximo sábado a las ocho enfrente de la estación.

Genial.

Hasta el sábado.

Hasta el sábado...

Colgó. Permaneció unos segundos observando el teléfono hasta que reaccionó, lo colocó en su respectivo lugar y se calzó las zapatillas de andar por casa. No podía dejar de pensar en lo que ocurrió el día anterior. Si ya le era difícil cruzar palabra con Dalia, después de aquel descubrimiento en el que el profesor Wells era partícipe, iba a ser más complicado de por sí. ¿Quién podía haberse imaginado algo semejante? Era consciente de que el profesor Wells, Charles Wells, era un hombre joven muy atractivo, a la par que tenía un carácter humilde. Aun así la situación continuaba siendo muy surrealista.

Pobre de ella.


***

Una apacible melodía inundaba cada rincón de la mansión de la familia Rimes. Procedía de un piano de cola negro,perfectamente cuidado y sorprendentemente antiguo. Sonaba Chopin: Nocturno en mi menor, Op.72 No.1. Los dedos de Bruce bailaban sobre el piano dando vida a aquella obra triste, la cual reflejaba ese mar de sentimientos que se hallaba en su interior. Ese mar muerto desde hacía largo tiempo.

Toc, toc. La melodía se detuvo.

Adelante —dijo sereno.

La puerta de su habitación fue abierta por una mujer de apariencia normal. Vestía un traje negro, de uniforme, y llevaba su pelo recogido por un moño. Algunas canas podían asomarse. Rondaba unos cuarenta y tantos años de edad. Se trataba de la ama de llaves.

Lamento interrumpir, señorito. Su padre ha llamado: dice que volverá en dos semanas —Bruce hizo una mueca de repulsión, como si recibir noticias de su padre no fuera motivo para ser notificado—. También ha llegado una carta de su hermana para usted —anunció extendiendo la carta con una leve reverencia.

Al escuchar la palabra 'hermana', la expresión del chico cambió por completo y en sus ojos se reflejaron destellos de ilusión. Bruce repudiaba a su padre pero adoraba a su hermana. La cogió cortésmente, mostrando respeto hacia aquella mujer que únicamente realizaba su trabajo.

Gracias, Dona —la mujer inclinó la cabeza en señal de respuesta y abandonó la estancia.

Bruce se sentó sobre la butaca del piano. Estuvo analizando el sobre con detenimiento. Él y sus manías. Acto seguido, abrió la carta con sumo cuidado, como si se fuera a desvanecer por hacerlo un poco más veloz. Reconoció la caligrafía de su hermana y comenzó a leer.

Querido Bruce:

¿Cómo estás hermanito? Aquí hace un tiempo fantástico, como siempre. Cada vez queda menos para terminar la carrera, aunque a padre no le haga gracia. Me encanta pintar, lo último que he hecho ha sido un paisaje del Sena. Creo que ha quedado muy bonito, me gustaría enseñártelo. Lo único que se me resiste son los retratos, no termina de convencerme mi estilo. Estoy segura de que cuando vaya harás tú de modelo, ¿a qué sí?

Por cierto, no te lo he dicho, ¿verdad? Voy la semana que viene, el domingo (suponiendo que te llegue esta carta a su debido tiempo). Qué ganas tengo de verte. Más te vale que no estés haciendo de las tuyas en el instituto o voy a tener que tomar medidas... Ay... También me gustaría visitar Richroses, al fin y al cabo yo también estudié allí.

No sé cuanto tiempo me quedaré, espero que sea bastante.

¡Nos vemos en breves!

Tu bonita hermana Clarice”

Tras soltar un suspiro de añoranza, cerró la carta y la guardó en el primer cajón de su escritorio. Allí, en la zona de la derecha, se encontraban absolutamente todas las cartas que le había enviado su hermana desde que partió a estudiar Bellas Artes a Francia. Se mantuvo un instante frente a la puerta, dudando si salir o no. Finalmente se decantó por la primera opción y se dirigió al ala este de la mansión. En ella pasó por una salita. Era amplia, con un sofá y dos sillones, todos ellos de colores pastel. Al fondo había una habitación cuya puerta tenía un pomo con la forma de una rosa. Entró en ella.

Una mujer relativamente joven, de cabello rubio cobrizo estaba sentada sobre la cama. Portaba un libro entre las manos que leía con una expresión serena y una sonrisa cansada. Era muy hermosa.

Madre —llamó Bruce desde la puerta, tocando el marco para avisar de su presencia—.

La mujer levantó la vista del libro para posarse en su hijo. Le dedicó una sonrisa cansada.

Hola cariño... —su voz sonaba débil—. ¿Sucede algo?

El chico la miró con algo de pena. Se aproximó hacia ella hasta quedar yuxtaposados.

He recibido una carta de Clarice —notificó—. Dice que estará aquí la próxima semana.

Eso es genial... —dijo su madre sin eliminar la sonrisa. Tenía unos ojos verde hierba que destellaban ilusión.

Bruce quiso dedicarle unas palabras, pero no lo hizo. Volvió hasta su habitación rápidamente y le dio una potente patada a la cama. Abrigaba sentimientos de rabia e impotencia. De repente, como si de una flecha se tratase, la imagen de Turpin se clavó en su mente. Apretó los puños. Sus emociones le dejaban una mala sensación en el interior y sólo encontraba evasión de ello culpando de sus males a Spencer Turpin. 

****


La esquina de un folio de libreta estaba siendo decorada minuciosamente a base de pequeños dibujos carentes de sentido y caricaturas mal hechas; los modelos: sus compañeros de clase. Spencer sentía como los nervios la asfixiaban. Era lunes otra vez y todo continuaba igual. Parker le dirigió una sonrisa cómplice, aquella misma mañana, al verla entrar en el aula. Ambos conocían aquello que, seguramente, Dalia ocultaba y protegía con ahínco. Sentada en su maltratado pupitre a manos de esos despiadados chicos de la élite, Spencer notaba en sus carnes como la mirada de Dalia descansaba en ella. Cabía la más remota posibilidad de que la rubia intuyera que Spencer le había visto con Wells, pero la becada no planeaba mencionar una sola palabra al respecto. No sabía como mirar a su amiga a la cara. Aquello parecía una telenovela.

Apenas había sonado la campana cuando Spencer encontró a Dalia junto a ella. No esperaba aquello. Spencer miraba el pupitre fijamente tratando de evitar cualquier contacto visual con la rubia, de vez en cuando la observaba a través del rabillo del ojo. La rubia se metía su melena tras las orejas; en sus ojos se delataba toda la inquietud que experimentaba en aquellos instantes.

Oye, Spencer... —dijo al fin.

Spencer cerró los ojos por un momento, como si tratara de absorber fuerzas. Los abrió y se giró hacia la chica con una expresión despreocupada.

¿Sí?, dime...

¿Estás bien? No sé que sucedió el viernes con Rimes pero no te vi buena cara... —inquirió Dalia moviendo los dedos de sus manos en señal de inquietud.

Sí, estoy bien... —mintió. ¿Le decía que le había visto con el profesor o no? Pasaron unos segundos que se le antojaron eternos. Dalia seguía allí, analizándola; queriendo decir algo pero sin saber qué.

Escucha Spencer... —comenzó recelosa—. El viernes... bueno, ¿cuánto tiempo llevabas allí? —soltó súbitamente.

Spencer se giró instantáneamente hacia ella y le dedicó una mirada cargada de reproche. Dalia había permanecido dos interminables semanas sin dirigirle la palabra por el asunto más banal del mundo y, en aquel momento, sólo le hablaba para asegurar que su secreto se mantenía a salvo. Sólo por interés y fingiendo que sentía preocupación por ella. Aquello hirió e irritó a Spencer a partes iguales.

Si te refieres a si te vi con... —dudó entre nombrar al profesor Wells o no—, él, la respuesta es sí —informó—. Me tengo que ir —se levantó de su asiento y salió del aula, Thomas, que había estado de espectador durante la conversación de las chicas, la siguió.

Pasaron varios minutos en los que Spencer andaba en silencio siendo consciente de la presencia de Parker tras ella. Quería decir algo, pero también estaba incomoda con él.

Spenceeeer... —dijo canturreando Thomas.

Spencer suspiró resignada. Lo que no iba a hacer era ignorarle. Se giró para mirarle a la cara.

Tú lo sabías —enunció.

Sí —afirmó él moviendo los hombros.

¿Por qué no me contaste nada?

Parker pasó un brazo por el hombro de la chica.

Porque no era asunto mío... Creí mejor que te enteraras tú sola.

Ya...



Al finalizar las clases no cruzó la mirada con su amiga. No tenía ánimos para ello. Estaba desanimada y desilusionada. Se sentía hasta traicionada. Ni siquiera la llamada que recibió de Lisa la animó. Creía que su único amigo en aquellos momentos era Parker, lo cual no era de mucha ayuda puesto que a veces resultaba una auténtica lucha hablar con él sin que esa sensación enigmática se interpusiera en la conversación.

Todo el mundo estaba recogiendo todo su material escolar para ir a sus casas. Spencer apoyó la cabeza sobre el pupitre y cerró los ojos.

Permaneció un largo momento en aquella posición. Sintió como una voz masculina, familiar le susurraba unas palabras en el oído: “No te quedes aquí dormida”. Abrió los ojos súbitamente. No había nadie en todo el aula. Estaba completamente sola. ¿Qué había sido aquello? Había sentido como si alguien estuviera con ella. Miró su reloj de muñeca. Se había quedado dormida y ya había perdido el autobús. Genial, últimamente nada le salía bien. Parecía como si el mundo estuviera en su contra.

Colgó su mochila sobre su hombro, y salió de la clase. No supo realmente como sucedió, pero acabó apareciendo frente al aula de música. Donde descubrió a Rimes tocar una melancólica canción al piano. Se asomó y vio que estaba vacía. Tras vacilar un momento entró en la estancia. Se acercó lentamente al piano de cola. Se sentó despacio en el taburete de terciopelo rojo y abrió con sumo cuidado la tapa del piano. Había dejado la mochila apoyada en la pata del piano. Cerró los ojos y tras soltar un poco de aire tocó una tecla.

El sonido inundó la sala al instante. Tocó más teclas al azar, sintiendo como las notas musicales decoraban toda la estancia como si fueran las pinceladas de un cuadro impresionista. Abrió los ojos. Ojalá supiera tocar. Era una absoluta negada para la música. Le encantaba escucharla pero se le daba fatal hacerla. Al igual que cantar. Siguió tecleando el piano hasta que una voz a detuvo.

¿Se puede saber qué haces, pobretona?

Dio media vuelta para ver quien hablaba, aunque no era necesario porque lo sabía de antemano. Rimes.

Nada —respondió ella con vergüenza.

Pues entonces esfúmate —exigió.

Spencer abrió la boca incrédula.

No me da la gana.

Joder, ¿por qué eres tan irritante? —preguntó Rimes haciendo una mueca exagerada con todas las facciones de su cara.

¿Y tú por qué eres tan estúpido? —con el mal día que llevaba, lo último que necesitaba era soportar las estupideces de aquel narcisista con trastornos de personalidad.

Rimes comenzó a acercarse a ella poco a poco, con sutileza, hasta estar a una distancia prudente. Por su parte Spencer se puso en pie y se detuvo frente a él, plantándole cara.

Venga, ¿me vas a empujar como la otra vez? —le retó la chica, con una mirada de desafío.

Él sonrió torcidamente.

¿Eso quieres? —dijo él acercándose un poco más a ella. Cada vez estaban más cerca el uno del otro.

Sí —asintió ella con fervor.

Bruce la agarró de los hombros.

Podría pegarte en lugar de sólo empujarte.

Podrías, podrías... —hizo burla ella—. Solo eres un cobarde y un niño mimado.

Las miradas de ambos se estaban batiendo en duelo. La profundidad de los ojos grisáceos de Rimes contrastaban con la sinceridad que se reflejaban en los de Turpin. Dos miradas muy diferentes. Una de desdén y otra de orgullo, pero miradas al fin y al cabo.

¿Tú crees? —sus manos se dirigieron hacia el pelo de la chica para agarrarlo con crueldad.

Spencer hizo una mueca de dolor.

No lo creo. Lo sé.

Él tiró de su pelo con más fuerza. Sentía como la respiración de él chocaba en su frente. Estaban muy cerca, tanto que podía sentir su olor. Su perfume. ¿Cuál sería? En ese momento en el cual estaban sin apartar la vista el uno del otro, como si sólo estuvieran ellos dos en el mundo, sintió como un escalofrío recorría todo su cuerpo de pies a cabeza. Como su corazón comenzó a latir más aceleradamente.

Rimes no dejaba de mirarla. Había olvidado de qué estaban hablando, sólo la miraba. Mientras tenía en su mano el cabello de la chica sintió la suavidad de éste. Entonces apreció que la chica tenía unas pestañas muy largas y que sus ojos, para tener ese color tan corriente, eran los más bonitos que había visto nunca. Y fue en aquel preciso instante, en que ambos estaban en silencio, que tanto él como ella fueron conscientes de lo que estaba sucediendo entre ellos.

Spencer fue la primera en hacer el primer movimiento y apartarse rápidamente de él.

¿No irás a arañarme otra vez?

Oh, veo que se te ha quitado la marca. Debería hacerlo otra vez, te hace parecer más hombre, ¿lo sabías? —dijo ella con sorna.

Eres insoportable —sentenció.

Gracias.

Y tras coger su mochila echó a correr con una sonrisa de victoria. Nunca se dejaría intimidar más por él. Nadie volvería a reírse de ella así.

O eso pensaba.

5 comentarios:

  1. Awwwwwwwww me muerooo!!! Realmente as tardado mucho en subir el capi pero qe sepas qe la espera a valido la pena, cada dia me engancho mas y mas a tu novela y esqe es tan hshsuensoa xjdiesk buaaaaaaa!!!!! INCREIBLEE!! No hay otra palabra para describira.
    Espero qe subs rapido el siguiente capitulo xqe ya me muero de ganas de leerlo.
    Un besito y sigue asi.
    PD: Siguienteeeee!!!

    FIRMADO: una lectora muerta de ganas de seguir leyendo.


    ~Alba Agraso~

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  2. Me encanto el capitulo. Valio la Pena la espera!!

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  3. Bueno, mediante un comentario tuyo en mi blog (que ya he contestado), me picó el gusanillo de conocerte mejor, y tras leerme todos los capítulos de tu historia, no puedo sino escribirte este comentario con una sonrisa. Me ha enganchado demasiado como un buen libro. Y eso porque mantienes la tensión hasta en el capítulo más banal (o mejor dicho, más sencillo, porque cada uno tiene su embrollo y su detalle especial). No sé a los demás, a juzgar por sus comentarios yo creo que sí, pero a mí leerte me hace permanecer hambrienta de más, más y más capítulos. Por suerte he podido merendarme los siete en dos días, pero ahora no puedo sino sentir que necesito más (¿síndrome de abstinencia?). Tu gramática es impecable, algún fallito tonto hay, si los veo al repasarme los capítulos te los señalaré sin problemas y con toda mi buena fe. Los personajes están muy bien trazados, Bruce y su narcisismo, Spence y su fuerza interior, Dalia, Parker, Emma... Tienes una prosa muy impresionista cuando de describir personajes se trata, es decir, con poquitas pinceladas ya se siente que se les conoce. Muy realistas y con profundidad en sus acciones. Quizás yo retocaría los párrafos en los que hablas de los familiares (padres y Ben), porque se me quedan cortos, y noto que son los personajes más vacíos por el momento.

    Para resumir diría que...
    Lo mejor: es el hilo conductor de la historia, que te mantiene enganchada.
    Lo peor: que dejas entreverse demasiado el futuro lío que tendrán los dos personajes principales, y eso da sensación en el lector de "a ver cuando pasa esto que está claro que va a pasar", que es algo incómodo, bajo mi punto de vista.

    Un abrazo sincero,
    Sondra

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    Respuestas
    1. Comentarios como el tuyo son los que más valoro.
      Me gusta saber cuales son los puntos negativos y cuales los positivos de mi historia, pues están en mí.
      En serio, muchas gracias por darme tu opinión y me alegra que no te haya desagradado.

      ¡Un beso!

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  4. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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