martes, 2 de julio de 2013

Capítulo 08 - El principio de un mal sábado.

La semana pasó como una ráfaga de viento. Todo permanecía igual. Entre Rimes y ella continuaba esa relación indescriptible. Realmente pocas palabras se habían dirigido aquella semana. Cuando se cruzaban por los pasillos, cuando sus miradas se encontraban, sentían un sentimiento eléctrico, señal de que algo pasaba. Spencer sabía de que se trataba. Bruce no quería saberlo.

Con Dalia pasó algo similar. Thomas era el único amigo que tenía Spencer dentro de Richroses. Parecía feliz de ver como Dalia y Turpin se estaban separando cada vez más. Spencer apreció aquello en la sonrisa despreocupada de Parker, pero no podía cuestionarle nada porque apenas le conocía.

Sentada en el sofá, con las piernas cruzadas y un moño mal hecho. Así se encontraba Spencer el viernes por la tarde. Eran apróximadamente las siete. Con suerte, tendría dos días para no pensar ni en Dalia ni en el siempre trastornado Bruce Rimes. Solo quería perder el tiempo dentro de las páginas del libro que tenía entre las manos.

¿Y papá y mamá? —frenó su lectura Benjamin con la pregunta.

Han ido a comprar —respondió ella desinteresadamente—. Si no perdieras tanto tiempo encerrado en tu habitación hablando con teléfono te enterarías. Por cierto, ¿con quién hablabas?

Con la rana Gustavo —replicó sonriente.

Spencer enarcó las cejas.

No sé por qué no me extraña nada... —comentó.

¡Ding, dong! El sonido del timbre alertó a los dos hermanos.

Ve tú —ordenó ella.

¿Por qué?

Porque yo estoy sentada leyendo.

Benjamin bufó e hizo lo encomendado. Al abrir la puerta se encontró con una chica algo más bajita que su hermana, de un largo pelo rubio, piel blanca y ojos color avellana.

Hola... Me llamo Dalia —se introdujo—. ¿Está Spencer?

Él parpadeó tres veces antes de responder.

Sí. Un segundo —dijo ligeramente nervioso, entornando la puerta.

Entró nuevamente al salón, donde se encontraba su hermana leyendo.

Spencer.

Estoy leyendo, Benjamin —se limitó a contestar.

Hoy estás más borde de lo normal.

Spencer levantó la vista del libro de Vladimir Nabokov.

No, es sólo que ya sabes que no me gusta que me interrumpan mientras leo —corrigió vocalizando con algo de exageración cada palabra.

Bueno, pues siento interrumpirte. Ha venido una tal Dalia a verte.

La expresión de Spencer fue indudablemente de sorpresa. Sin decir nada y con la boca entreabierta, dejó el libro sobre el sofá y fue hacia la puerta. Allí vio a la mencionada.

Hola —saludó seria.

Hola Spencer... Verás, yo... —comenzó a hablar con dificultad a causa de los nervios y la timidez—. Quiero pedirte perdón —dijo al fin—. No pretendía que lo mío con Wells saliera a la luz. Y no te lo conté porque es algo delicado.

No tienes que disculparte conmigo —cortó ella.

Insisto. Si aceptas perdonarme te lo contaré todo.

Spencer estuvo a punto de negarse, pero vio que el rostro de preocupación y el ceño fruncido de Megure no era algo para aparentar.

Está bien —cedió dibujando una leve sonrisa—. ¿Quieres pasar?

Sí, gracias.

Con un gesto cordial la invitó a ir a su habitación. Mientras subían las escaleras, Spencer hizo un gesto a Benjamin para que no molestara. Por su parte, él levantó los hombros en señal de desentendimiento.

Puedes sentarte en la silla o en la cama. Donde prefieras —indicó ella—. ¿Quieres algo de beber? ¿Para comer?

No, no te molestes. Tranquila —respondió sentándose sobre la cama.

Spencer reparó en el aspecto de la rubia. Tenía una falda blanca y una rebeca beige. Parecía una muñeca de porcelana.

¿Cómo te ha dado tiempo a cambiarte tan rápido y a venir?

He salido un poco antes... No me encontraba bien.

Ahá —murmuró.

¿Por... por dónde quieres que empiece? —Preguntó mirándola con incertidumbre.

Por donde consideres tú.

Bien...

Dalia cogió aire y se llenó los pulmones con él. A continuación, comenzó a contar su historia:

»Yo nunca he sido buena a la hora de socializar con nadie. Mi vida en Richroses siempre fue muy tranquila. Yo provengo de una familia con dinero, por lo que, al contrario que a ti, nunca he sufrido ningún tipo de extorsión en la escuela. Sin embargo, no tenía amigos. Apenas hablaba con nadie. Sólo con los compañeros de clase, para lo justo y necesario.

»Mi mejor amiga, en los recreos, era la biblioteca. Y así continuó hasta mediados de tercero. Hace dos años. Una mañana, como otra cualquiera, me encontraba en la biblioteca. Ese día me había fugado las clases. En ocasiones me agobiaba y no podía asistir a ellas.

»Tenía la nariz oculta en un libro, en una historia nueva. Estaba sentada en una de las mesas de la estancia. La encargada no estaba. Por aquel entonces había una mala organización con la encargada de la biblioteca. Un chico se sentó a mi lado y se quedó mirándome. Yo le devolví la mirada. Noté que era algo mayor, pero no consideraba que fuera mucho mayor que yo.

»”¿Te gusta leer?” Me preguntó. Yo le miré y fruncí el ceño. La gente no se había interesado hasta ese día por mí. Él me miraba con una sonrisa y pronto quedé atrapada en sus ojos azules.

»”¿Trabajas aquí?” Le pregunté. Él sonrió de nuevo y asintió con la cabeza. Supuse que era el nuevo encargado de la biblioteca juzgando su edad. Aquel día nuestra conversación se quedó allí.

»Los días siguientes fueron similares. Él se sentaba en mi mesa, me miraba leer o leía él algo. Le pregunté su nombre. “Charles Wells” fue su respuesta. No tardamos en ser amigos. Para mí era mi primer amigo. Una persona importante en mi vida.

»Y así llegó final de curso. Y con él, verano. No nos vimos mucho por vacaciones. Alguna vez nos llamábamos y nos veíamos. Una vez sentí como una espina se incrustó en mi corazón por pensar en la remota posibilidad de que tras verano no volviéramos a vernos. “¿El próximo año continuarás siendo el encargado de la biblioteca?” Un día, cuando estábamos juntos, realicé esa cuestión. Él miró a otro lado y esquivó mi pregunta.

»Antes de que terminaran las vacaciones, nos vimos una última vez y fue en ese momento cuando yo le dije como realmente me sentía. Él me abrazó con ternura y me besó la frente. Luego solo susurró: “Aun eres muy pequeña”. Casi me puse a llorar, pero él cogió mi mano y me llevó a la feria. Me hizo sentir realmente pequeña aquella vez, pero fui feliz.

»Después de aquel día, no volvió a responder mis llamadas. Hasta que nos volvimos a ver en el instituto, y ahí fue cuando descubrí que iba a ser mi profesor de deporte. Me trataba con indiferencia. Como a lo que era al fin y al cabo: una alumna. Pero yo me sentía mal. Desplazada de nuevo. Aislada. Traté de hablar con él varias veces pero me ignoraba.

»Pero nos volvimos a encontrar en la biblioteca, un día cualquiera. Ese día le hablé, él se giró cuando me dirigí a él. Fue en ese momento cuando las lágrimas escaparon. Lloraba y no podía hacer nada para detenerlo. Le quería. Lo supe. Ya no cabía duda. Él me decía que no podía hacer nada. Éramos profesor y alumna. Me sentía como en una telenovela.

»Sin embargo, yo no me rendí, no podía rendirme y no quería hacerlo. Y así, sin darme cuenta, él me fue aceptando. A mí y la situación. Y nadie nos debía descubrir. Empezamos a salir a mediados del curso pasado. En secreto, al igual que a día de hoy.

Spencer se frotaba las manos mientras escuchaba la historia que relataba Dalia.

Y... ¿Cómo lo sabe Thomas?

Sí... Eso te quería contar.

»Era una mañana como otra cualquiera. Nos encontramos en la biblioteca como hacíamos de costumbre, en la estantería del final, donde estaban todos los libros viejos. Cometimos una imprudencia. No supe hasta el día siguiente que Parker se encontraba en la biblioteca en ese momento. Él me lo dijo. Al inicio me asusté. Tenía miedo de que dijera algo pero afirmó que no lo haría. Y así pasó un breve período de tiempo hasta que comencé a sufrir chantaje por parte de Parker, que aun se mantiene actualmente.

¿Qué? ¿Cómo? —Cuestionó Spencer incrédula.

Sí... Me descubrió por puro accidente. A su vez me ayuda a guardar el secreto. No obstante, debo de hacer muchas cosas que me pide.

¿Qué tipo de cosas? —Indagó.

Hacerle los deberes, quedar con él fuera de clases algún día únicamente para acompañarle a algunos sitios... —explicó.

Entonces... Debes de odiarle.

No. En realidad no termino de odiarlo. Le guardo un poco de rencor pero no acaba de portarse mal conmigo. Únicamente se aprovecha en algunas ocasiones.

No entiendo que relación tenéis.

Por compromiso —aclaró Dalia—. Me pone nerviosa cuando se acerca a mí muchas veces. Charles, quiero decir, Wells, no lo sabe. Desconoce esta situación por completo. No se lo puedo decir porque si Thomas lo descubre, lo hará público. Y eso puede meterle en serios problemas y no quiero —la voz de Dalia comenzó a temblar—. No quiero que por mi culpa le pase nada. Por eso no te lo conté.

Spencer se acercó a ella y posó una mano sobre el hombro de la rubia en señal de consuelo.

Tranquila, no pasa nada. Comprendo que no dijeras nada porque no tenías conmigo tampoco tanta confianza como para hacerlo. Te agradezco que me lo hayas dicho ahora.

Sin embargo, para Spencer, la mayor sorpresa fue la actitud que tuvo Parker hacia Dalia. No esperaba aquello de él.

¿Quieres... Quieres que hable con él? —Preguntó Turpin con su mejor intención.

Dalia negó con la cabeza.

No. Si lo haces se dará cuenta de que te lo he dicho —sonrió—. Pero gracias.

Spencer le devolvió la sonrisa.

¿Tienes planes para mañana? —Interrogó.

La rubia frunció el ceño.

No...

Pues, ¿te apetece venir conmigo? He quedado con unos viejos amigos de mi anterior escuela —invitó Spencer con total cordialidad.

Dalia no pudo evitar sonreír y aceptar. Sería la primera vez que quedaban fuera de Richroses.

****

Era sábado, las doce del medio día apróximadamente. Habían dos individuos sentados en los sillones de la sala de estar del gran caserón de la familia Rimes. Ambos tenían el pelo azabache. Uno era del sexo opuesto al otro.

¿Puedo saber qué queréis para qué me molestéis un sábado por la mañana? —Cuestionó Bruce rascándose la nuca mientras se adentraba en la estancia.

El chico sonrió.

Venga, Bruce, sabes que yo siempre tiendo a incordiarte los fines de semana —dijo Thomas.

Bruce bufó.

De ti no me sorprende —respondió—, pero, ¿qué hace ella aquí?

El dedo índice de Rimes apuntaba a Emma Miller que le observaba con picardia.

Deberías ir acostumbrándote a mi presencia cerca de tu entorno —aconsejó ella.

Me niego.

Allá tú —dijo Miller riendo.

Parker carraspeó para tomar turno de palabra.

Y dime, Bruce, ¿vas a hacer algo esta tarde que no sea encerrarte en tu casa tocando una melancólica canción con el piano?

Rimes le fulminó con la mirada.

Contigo no pienso salir —sentenció. Posó su mirada en Emma—. Contigo menos.

Venga, querido primo, antes salíamos más a menudo. Además, tu ratita saldrá hoy...

El pelirrojo, que estuvo manteniéndose todo el rato andando de un rincón a otro, se detuvo en seco.

¿Quién?

Turpin —respondió con brillo en sus ojos—. Vamos, Bruce, no me digas que no te apetece molestarla...

Bruce dibujó en su rostro una mueca de extrañeza.

Creí que tú y ella eráis amigos.

Bueno, yo no tengo nada en contra de ella —afirmó Thomas—. Pero me gusta ver tu cara cuando ella está cerca de ti.

Pues te quedas sin verla. No pienso salir —sentenció.

¿Acaso le tienes miedo?

Thomas le estaba retando y Rimes odiaba aquello. Que le tomaran por estúpido o cualquier cosa. Él era el rey y lo debía demostrar. Pues, ¿cómo él iba a sentir temor de una andrajosa como Spencer Turpin? Si era necesario, iría a buscarla.

De acuerdo. ¿A qué hora y dónde?

Emma miró al chico con desaprobación pero no comentó nada. Empezaba a estar harta de la insufrible obsesión de Bruce con los becados. No. No eran los becados. Sabía que aquella historia había finalizado hace tiempo. La única fijación de Bruce era aquella chica.

****

Un grupo de jóvenes se situaba en la puerta de la estación de Charing Cross. Eran dos chicas y un chico. Estaban esperando a una amiga para ir a cenar a un local cercano.

¡Hola! —Exclamó una voz que se acercaba a ellos—. ¿Habéis esperado mucho?

Una chica de melena ondulada y rubia opaca se acercó a ella.

Hey, Spencer —saludó Lisa.

Pronto se percató en la compañía de su amiga.

Ella es Dalia —presentó, anticipándose a la pregunta que se quedó atascada en la punta de la lengua de su amiga—. Es amiga mía en el Richroses.

Un placer —dijo Lisa cordialmente.

Las otras dos personas también se acercaron.

Oh —soltó Spencer—. Déjame que te presente. Ellos también son amigos de la escuela. Elena y Matt.

Encantada...

Elena Silver tenía el pelo de un castaño oscuro, completamente rizado y sus ojos tenían destellos de verde. Era de la estatura de Lisa y Spencer.

Por su parte, Matt Cera era un chico caracterizado por su sonrisa y su optimismo. Su pelo castaño claro y sus pecas eran lo que le identificaba. Era de las personas a las que Spencer echaba más de menos. Ambos eran muy amigos y la personalidad de Matt era, desde su punto de vista, la mejor del mundo.

Cuanto tiempo hacía que no te veía —dijo Elena emocionada.

Ya lo creo... —respondió Spencer.

Matt la abrazó cariñosamente en cuanto tuvo la ocasión. Spencer se sintió plena en los brazos de su amigo. Hacía mucho que no sentía esa sensación tan cálida. Quería a Matt como a un hermano, y estaba segura de que él sentía lo mismo. Siempre la ha ayudado cuando ha estado en problemas. Sentía que le debía mucho a ese chico y que era todo un apoyo. Que podría contar cuando lo necesitase. Mientras sentía el cariño de su abrazo, un sentimiento de nostalgia por su pasada vida la invadió.

En el momento en que se apartaron sonrientes, se dieron cuenta de un detalle.

Ejem... —carraspeó una voz que a Spencer le resultaba impertinentemente familiar.

Bruce Rimes estaba de brazos cruzados mirando la escena, a la par que repiqueteaba con el pie en el suelo. A su lado se encontraba Parker conteniendo la risa. Para él era un circo ver a su primo.

¿Qué haces tú aquí? —Preguntó Spencer sintiéndose irritada de repente.

Eso lo pregunto yo —replicó Rimes.

Los amigos de Spencer estaban sorprendidos por el modo en que se hablaban.

Vamos a cenar al Big Piece —dijo con tirria.

Casualmente yo también —respondió con un tono impertinente.

¡¿Tú?! —Exclamó incrédula—. Pero si es una pizzería. No tiene la suficiente clase para ti.

No decidas lo que tiene clase o no para mí, pobretona. Si te molesta mi presencia tendrás que tragar con ella.

Spencer se quedó con la boca abierta. Definitivamente, iba a ser un sábado horrible.

8 comentarios:

  1. Oh por Dios! Me he quedado prendada de tu historia, creo que me enamore de ella jeje.
    Me encanta como escribes, todo de los personajes son geniales.
    Dios que emoción! Estoy ansiosa por leer el próximo capítulo. Muchísimas gracias.
    Jeje hasta descargué Wattpad por ti, jeje ahora solo falta saber usarlo.
    Un beso.

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    1. Gracias cielo. Me alegra un montón. Disfrútala <3

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  2. *.* Me encanta, de verdad quiero saber como continua :D Te he seleccionado para un premio aquí: http://morethanmyownlifemr.blogspot.com.es/

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  3. Me encanta tu novela la historia es diferente de verdad que tienes talento no puedo esperar para leer el próximo capitulo x.

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    1. Amor, el capítulo nueve ya lo subí. (Por si las moscas). :P GRACIAS <3

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  4. Tengo una duda esta historia esta basada en la serie coreana Boys before flowers?? Los protagonistas de la serie son muy similares a los del libro....
    PD: Me ha encantado tu libro

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  5. hola! tu historia está magnífica, me encuentro totalmente atrapada en la trama, síguela, dale mas publicidad y te harás leyenda entre los escritores fanfic, estoy segura que los lectores asiduos y amantes del misterio la adorarán!

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  6. hola por que solo aparece hasta el el ocho ya no hay mas capitulos???

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