miércoles, 13 de noviembre de 2013

Capítulo 10 - No te vayas.

Una voz furiosa inundó cada rincón de la mansión Rimes. Bruce salió a trompicones de su cuarto la mañana del domingo, al ser despertado por esa voz tan familiar. Bajó a la sala de la casa y se encontró en el centro de ésta la figura de una mujer.

¡Clarice! —Exclamó sorprendido.

Ella permanecía de brazos cruzados mientras repiqueteaba con su pie en el suelo.

¿A qué viene esa sorpresa? ¿No recibiste mi carta? —Interrogó ella.

Sí... —asintió él.

¿Y por qué llego y no estás en casa?

Porque hoy es domingo y no viernes. Y tú dijiste que vendrías el viernes. ¿Acaso debo esperarte tres días sin descanso?

Sí —respondió ceñuda. Acto seguido, suspiró—. Hubo un problema en la organización del aeropuerto y se retrasaron todos los vuelos. Llegué anoche, pero no estabas.

¿Y qué piensas hacer?

Pues visitar varios lugares de esta ciudad, como siempre. Entre ellos mi vieja escuela.




Cuando Spencer se levantó de la cama no era consciente de lo que le aguardaba aquel día en la escuela. Entre bostezos se acercó al aseo. Permaneció frente al espejo, planteándose si hacerse su habitual cola de caballo o mejor un moño alto. No supo bien por qué, pero recordó la vez en la que Bruce, acariciando un mechón de su pelo, le dijo que le favorecía el pelo suelto. Se ruborizó inconscientemente y decidió ir con su melena al aire. Libre.

Sentía que todo seguía igual, que proseguiría con la rutina característica del instituto al que acudía. La antipatía de los alumnos y la cordialidad de unos pocos, los cuales podía numerar con solo una mano.

Cogió el autobús público, como de costumbre, hasta la parada más cercana a Richroses. Como siempre, el autobús la dejó con quince minutos de margen para el comienzo de la clase. Tan sólo empleaba cinco en llegar al instituto, los otros diez sobrantes los gastaba en algún entretenimiento improvisado y pasajero.

El ambiente cargado e incómodo que la rodeaba en aquellos momentos se palpaba desde la entrada del edificio. Los alumnos se giraban para mirarla de un modo acusador. Podía sentir los susurros que se dirigían entre ellos. Todo era más exagerado que otras veces.

Fue en el aula cuando se percató de un detalle: todos estaban pendientes del teléfono. Observaban la pantalla como si algo muy gracioso estuviera reproduciéndose en ella. Los chicos soltaban carcajadas. Las chicas manifestaban su indignación de un modo teatralizado. Estaba Dalia, pero no Parker. Cuando la clase fue consciente de la presencia de Spencer en el aula, se hizo un silencio total. Pero tras el silencio podía oírse el sonido de la maldad dentro de cada uno de ellos. Entonces se giró y vio algo que no le gustó nada: Una foto. Ella estaba plasmada en el papel impreso, en ropa interior y podía apreciarse una espalda masculina al desnudo.

Pronto supo cómo, cuándo y dónde sucedió aquel encuentro en el que acabó en sujetador. Y se preguntó como era posible que se realizaran esas fotografías. Era obvio que las hizo una de las personas que estuvo con ella aquella noche. Tuvo sus dudas durante un segundo, pero pronto lo tuvo muy claro. Sabía quién había sido. Aquel mezquino. ¿Cómo pudo dedicarle siquiera el menor pensamiento en casa?

Una voz corriente la despertó de sus pensamientos.

Vaya... Así que eres de esas. Luego pones cara de corderito.

La aludida se giró y vio como el chico que había hablado mostraba la foto de un móvil. Una igual que la que estaba decorando la pared. Mientras Spencer, con clara sorpresa en el rostro, miraba atónita el teléfono, él comenzó a pasar las fotos para que ella pudiera verlo. Tenía varias fotos de ella, de aquella misma situación.

Todo lo malo te lo mereces —secundó otra voz.

Spencer cogió aire y salió de la estancia sin molestarse en responder. Como pillara al indeseable de Bruce le iba a arrancar cada uno de sus sedosos pelos cobrizos.

¡Spencer! —Exclamó Dalia, que había ido tras ella—. ¿Estás bien?

Sí, estoy bien —sonrió—. Tan sólo estoy furiosa.

Esas fotos...

No sé en que momento las hicieron, pero no es lo que parece. Mi ropa se ensució y Matt me trajo ropa de recambio en un mal momento —aclaró.

Dalia frunció los labios.

Yo te creo —afirmó mirando con sus ojos avellana a su amiga.

Gracias. Ahora voy a ir a por la rata de Rimes.

Te acompaño —musitó.

Fueron hacia la clase de Rimes, pero no había rastro de él. La rabia estaba recorriendo su cuerpo. Rastrearon todo el centro hasta que llegó a la entrada, donde se encontraba el tablón de anuncios. Entonces Spencer percibió a una multitud de personas cerca de él. Un escalofrío paseó por su cuerpo desde la nuca a los pies. Que mal presentimiento le acechaba.

Pronto pudo confirmar sus miedos. El tablón estaba lleno de fotografías de ella en ropa interior. En aquel momento, toda su rabia se convirtió en una terrible sensación de impotencia. Las piernas comenzaron a temblarle nerviosamente, apretó los puños y los dientes y, antes de caer en cuenta de lo que hacía, estaba arrancando histérica las imágenes en las que su persona era protagonista.

No tardaron en llegar a sus oídos palabras hirientes provenientes de las bocas de las rosas del Richrose. Palabras como “zorra” o “puta”. Aquello era demasiado. Comenzaban a pasarse. Eso pensó hasta que algo golpeó su cabeza.

Se tocó con la mano izquierda la cabeza y notó algo viscoso pegado a su pelo. Habían lanzado un huevo, como si de un proyectil se tratase, contra ella. Tragó saliva. Sentía que la nariz comenzaba a picarle y que se le estaban humedeciendo los ojos. No obstante, no quería ceder. No quería mostrarse débil contra aquella manada de lobos hambrientos.

Notaba como Dalia le hablaba, le intentaba tranquilizar. Notaba la voz de su amiga asustada.

¿Se puede saber qué pasa aquí?

Todo el mundo hizo un silencio sepulcral al oír una voz decidida cuestionar lo que sucedía. Una mujer muy joven, no muy mayor que el alumnado, se abrió paso entre la multitud. Spencer levantó la cabeza para verla y pensó que era la chica más hermosa que había contemplado en toda su vida. Tenía el pelo rubio ceniza, que caía en tirabuzones por su espalda, los ojos verde hierba y los labios rosados. Unas espesas pestañas decoraban sus rasgados pero grandes ojos.

Cielo santo... —susurró la chica—. ¿Qué te ha pasado? ¿Quién te ha hecho esto? —Preguntó a Spencer con una mirada de preocupación. Se giró hacia el resto—. Ya ha acabado el espectáculo. Podéis iros.

Los estudiantes obedecieron dócilmente. Una vez que se hubieron dispersado y sólo quedaron Dalia, Spencer y aquella muchacha, comenzó a hablar.

Estoy bien —respondió al fin Spencer, cuando pudo recobrar la razón—.

Ven, cielo. Vamos a limpiarte un poco —dijo mientras obligaba a Spencer a erguirse del suelo.

Dalia —nombró Spencer—, no te preocupes, puedes ir a clase. Puedo arreglármelas.

Dalia dudó un momento y finalmente asintió con la cabeza y, mandándole un casto y tierno beso, se fue. Spencer se sonrojó, ¿cómo podía ser Dalia tan adorable?

La joven la trasladó hasta el baño. Allí sacó un precioso pañuelo de su bolso D&G. Indicó a Spencer que se remojara el lado de la cabeza que había sido manchado con el huevo, puso jabón de manos sobre él y frotó para luego aclararlo.

Que suerte que haya jabón de manos en los baños —comentó Spencer.

Sí —dijo la chica de voz agradable y gentil.

Se sacó un peine del bolso y danzó con él por la melena de Spencer.

Por cierto, muchas gracias.

No es nada —aseguró con dulzura ella—. Mi nombre es Clarice.

Encantada. Yo soy Spencer.

Y... ¿Cómo ha sucedido esto, Spencer? —Preguntó mientras terminaba de peinar el cabello chocolate de la estudiante.

Spencer se rascó la nariz.

Pues... Mmm... Digamos que el rey me la tiene jurada. Alguien ha ido repartiendo fotos mías por Richroses y yo estoy plenamente convencida de quien ha sido.

Entiendo... ¿Te apetece ir a tomar algo a la cafetería de aquí? —Inquirió Clarice sonriente.

No... grac-... —no pudo terminar la frase porque la rubia la interrumpió.

Tranquila, baby. Invito yo.




Bruuuuuuuuce —susurró una voz en la oreja del respectivo.

Joder tío, basta —exigió Rimes quitándose la cara de Thomas de él.

Ambos estaban en la limusina de Bruce, dirigiéndose hacia el Richroses.

Llegamos tarde... —comentó el rubio cobrizo.

Claro, ¿de quién es la culpa?

Nadie te había pedido que fueras a mi casa a primera hora de la mañana a despertarme y a traerme el desayuno.

Thomas rio.

Oh, vamos. Yo también quería ver a Clarice —miró a Rimes con una ligera malicia—. Aunque estoy seguro de que tú quieres ver a otra persona.

No sé de qué me hablas —respondió Bruce de brazos y piernas cruzadas, aparentando indiferencia, pero lo cierto es que sabía que su primo llevaba razón. Spencer se había metido en su cabeza. Su cara vulgar, su sonrisa inocente, su forma de hablar y de moverse, su mirada... Su cara estaba dejando de ser tan vulgar poco a poco.

El sonido del iPhone de Bruce les sacó de la conversación. Sacó el teléfono de su bolsillo, abrió el mensaje multimedia que le había legado. Estaba en número oculto y al parecer pesaba mucho. Vio las imágenes que contenía y se le heló la sangre. Thomas palideció cuando vio el contenido.

No puede ser... —musitó Parker en shock—. ¡Ese conjunto interior de ositos es muy infantil!

Cállate —gruñó Bruce muerto de rabia y apretando su móvil con intensidad.



Un café con leche para despertarse con un delicioso croissant. Eso necesitaba Spencer para despejarse. Clarice se había pedido un té de frutas del bosque.

¿Está rico? —Preguntó la rubia.

Sí. Gracias de nuevo.

No hay de qué —respondió alegre—. Y... Respecto a nuestra conversación en el baño... ¿Puedo saber quién es el que la tiene tan tomada contigo que logra que todo el centro vaya contra ti?

Spencer dio un sorbo a su café antes de responder. Después se aclaró la garganta.

No creo que lo conozcas. Se llama Bruce, Bruce Rimes —informó.

Clarice abrió los ojos. Parecía que se iba a atragantar con el té.

Sí, le conozco —enunció.

Entonces sabrás lo estúpido que es —Spencer apreció como Clarice hacía una mueca indescifrable ante su comentario—. No sé cuanto lo conoces, pero la experiencia me dicta que es un déspota, un cabezota, maleducado, mimado y narcisista.

Clarice soltó una carcajada.

Ya veo que lo tienes cazado.

Sí... —asintió con rubor—.

Al poco tiempo entró en la estancia un estudiante, andaba a paso ligero y su rostro reflejaba clara preocupación. Parecía que buscaba a alguien. Pronto visualizó a Spencer y se dirigió directo a ella. Como un bólido.

Turpin —nombró él—. La has hecho buena.

Dejadme en paz —rezongó ella.

Rimes está muy furioso —informó alterado—. No deja de preguntar por ti y Sam Reynolds tropezó con la papelera y accidentalmente manchó su zapato. Ha entrado en cólera. Le ha dado un rodillazo en la boca del estómago y ha comenzado ha golpearle con los puños. Está completamente desatado. Todo por tu culpa.

¿Mi culpa? —Inquirió—. Perdona pero no sé de qué se me acusa.

Esas fotos cabrearían a cualquiera.

Spencer abrió la boca de pasmo.

Esas fotos, aparte de dar una imagen errónea, no le incumben. No le incumbe a nadie mi vida.

A mí no me des explicaciones, pava. Pero Rimes te odia desde el primer día que te vio. Esas fotos solo alimentan su odio. No se detendrá hasta que desaparezcas del instituto.

La chica no sabía que decir.

Tranquila, Spencer —dijo Clarice con amabilidad— chico —se dirigió al estudiante—, ¿puedes llevarme hacia donde está Bruce?

Spencer se sorprendió de la forma en que Clarice se refirió a Rimes. Pero también apreció algo extraño en el rostro del muchacho al mirar a la rubia.

Tanto Spencer como Clarice le encontraron en el pasillo del primer piso. Su mirada era fría y calculadora. Cuando Spencer observó sus ojos, helados, desprovistos de emoción, como si estuvieran marchitos, sintió como un escalofrío recorría todo su cuerpo. Jamás le había visto antes con aquella expresión. Estaba golpeándose con una de las personas que trataba de separarle. En aquel momento supo, que nunca antes conoció lo que era Rimes enfurecido. Todo lo que le hacía a ella parecía un juego de niños -aunque en parte lo era-.

Hizo un amago de acercarse a él, pero Clarice la detuvo agarrándola de la muñeca.

Spencer, será mejor que no te entrometas —advirtió—. Está muy agresivo.

La morena le dirigió una fugaz mirada por un segundo, en signo de asentimiento. Al rato volvió a dirigir la mirada hacia el pelirrojo. Un par de profesores llegaron a poner calma a aquel percal, pero recibieron codazos y patadas. Spencer no podía creer la imagen que estaba contemplando. Estaba atónita. No daba crédito a aquel espectáculo. Parecía un animal salvaje. Y lo peor de todo es que desconocía el motivo.

¡Para ya! —Exclamó al fin sin poder evitarlo.

Al escuchar la voz de Spencer, a Bruce pareció que se le activaba algo. Reconoció su voz al instante. Soltó a sus víctimas inocentes y puso rumbo a la joven. Clarice se puso de por medio.

Relájate, Bruce —le ordenó con voz firme.

Bruce pareció relajarse.

Estoy bien —enunció—. Sólo necesito explicaciones —miró a Spencer.

¿Explicaciones de qué? —Preguntó la aludida.

De esas fotos que tiene todo el mundo.

La chica apretó los labios. No le hacía ninguna gracia haberle visto con aquella actitud. Le daba miedo. Miedo de verdad

No tengo que darte explicaciones de nada, bruto.

¿Cómo me has llamado? —Estaba nervioso.

Basta ya —dijo Clarice—. ¿No te das cuenta de lo que acabas de hacer?

Rimes respiró hondo.

No estoy de humor.

Estás loco —escupió Spencer—. Eres un violento y un patán. Tu comportamiento no tiene justificación alguna. No sé porqué este ataque psicótico, pero no quiero que te me acerques.

Al chico no le agradaron nada aquellos comentarios de Spencer. Sólo contribuían a alimentar aquella furia que cobijaba en su interior.

Ni te atrevas a hablarme así, pobre de mierda —replicó él—. Si he hecho todo esto ha sido por ti. Por tu culpa. Ya veo que es cierto lo que dice la gente. Eres sólo una guarra. Como se nota tu estatus, tan vulgar y asqueroso.

Spencer no podía más. ¿Cómo se atrevía? Después de haber llenado el instituto y todos os correos de la gente con aquella fotos, ¿aun tenía el valor de llamarle guarra? Las palabras de Bruce, frías como cuchillos, faltas de sentimientos y sin ningún tipo de brillo en la mirada, le dolieron más de lo esperado. Empezó a temblar.

Está bien. Te prometo que ya no seré un impedimento más para ti —dijo con la voz quebrada.

Inmediatamente salió corriendo de la escena. Todo lo que podía y más. Se dirigió hacia su aula, recogió sus cosas nerviosamente y volvió a salir de ella. Al girar la esquina, una mano grande y suave la detuvo agarrándola del brazo potentemente.

¿Qué haces? —Preguntó Rimes. Estaban a solas.

Me voy —respondió ella—. Para siempre.

Al escuchar aquellas palabras, el corazón se le detuvo.

¿Cómo que te vas?

¿No es lo que querías? Lo has conseguido. Hiciste lo que pudiste y tu esfuerzo ha tenido su resultado —dijo Spencer con un palpable sarcasmo. Sus ojos comenzaban a enrojecerse—. De verdad, eres lo peor que me he cruzado en la vida. En cuanto salga por la puerta de este instituto, no quiero volver a entrar jamás.

¿Te estás poniendo así porque me haya peleado? —Arqueó las cejas.

Sí. Y porque una vez casi me ahogas, has logrado que todo el instituto me odie, me arruinaste el sábado...

¿Te lo arruiné?

No.

Obviamente —respondió con una fingida serenidad.

No lo parecía.

¡Oh, por Zeus! Cállate de una vez —exclamó ella estallando—. Supongo que a ti te habrá parecido divertido ingeniártelas para sacarme esas fotos, pero a mí no me ha hecho ninguna gracia —comenzaba a sentir la humedad en sus esferas—. Todos denigrándome todavía más, viendo como se burlaban de mi semidesnudez. Especulando sobre que hacía en aquel momento...

¿Yo? —Inquirió claramente sorprendido ante aquel comentario—. Yo no he sacado esas fotos. Ni las he colgado.

No intentes engañarme —gruñó—. Nadie desea más mi ruina que tú.

Bruce estaba demasiado molesto por el suceso anterior, y que ahora se le achantaran las culpas de aquellas imágenes alimentaba el fuego de su furia.

Mira —comenzó a hablar él con un tono frío. Se palpaba su enfado—, yo no tengo la culpa de que vayas quitándote la ropa frente al primero que pasa —Spencer abrió la boca incrédula—. Apoquina con las consecuencias. Si te has comportado como una buscona y la gente te ha descubierto, no te hagas ahora la buena. Has caído tan bajo que te has dejado besar por el fango.

El silenció se tiñó de un sonido fuerte y seco. La palma de la mano de Spencer había ido a descargar toda su fuerza en la tersa mejilla de Bruce. Estaba roja de ira y las lágrimas se deslizaban por sus pómulos, delineando el arco de su cara. Bruce sentía como le picaba la zona dañada y como el calor se aglomeraba en ella.

Vete a la mierda —espetó—. Hasta nunca —apenas le salía la voz.

Antes de poder dar media vuelta, Bruce la sujetó nuevamente de la muñeca derecha para girarla hacia él otra vez, colocó su masculina mano sobre el hombro izquierdo de Spencer y la empujó contra la pared. Acto seguido, agarró la otra muñeca, de modo que ambas manos, subyugadas a las de él, permanecían a la altura de su cabeza.

Spencer sintió como la respiración alterada de Rimes rozaba su cara. Estaban demasiado cerca. Casi le acariciaba el pelo cobrizo la frente. Se quedó ensimismada mirándole, perdida en aquellas orbes grisáceas, heladas. Nunca había apreciado ningún tipo de emoción del chico en su miada, pero en aquel instante pudo apreciar un desesperado sentimiento de soledad. Sus ojos se clavaban en los de ella, sin embargo, no era consciente de que sus ojos, cálidos y dulces como el chocolate, temerosos como los de un cordero herido, surgían el mismo efecto sobre él.

No tardó en despertar del hechizo de la mirada.

Suéltame —ordenó ella sorprendida por aquel suceso inesperado.

No.

Que me sueltes —insistió.

Aquí se hace lo que yo digo. Ya lo sabes.

Spencer no podía dejar de pensar que aquel rostro era más hermoso que cualquier flor y más impactante que la aurora boreal.

Eres el diablo —sentenció.

Él delineó una sonrisa. Su característica sonrisa retorcida y maquiavélica que tan tensa la ponía.

No sonrías y que me suelt-

No termino la oración puesto que sus labios habían sido sellados con los de Bruce. Sentía la calidez de su boca y como la lengua se abría paso dentro de ella, enroscándose con la suya, jugueteando, acariciándola. Spencer sintió como todos sus pelos se ponían de punta. Aquello sí que era inesperado. El corazón bombeaba a mil. Al igual que el de él. Resultaba un beso atormentado y desesperado a su vez, aunque poco a poco fue relajándose.

Spencer no podía seguir su ritmo. No podía respirar. Las emociones que estaba sintiendo le estaban consumiendo hasta las entrañas. Sus pómulos parecían dos rojas manzanas del rubor de aquel acto. Al poco, Bruce separó su boca de la suya.

Tú no te vas a ir a ninguna parte —dijo y, antes de que ella pudiera replicar, ya se estaba marchando.

A la chica no le salía la voz del impacto. No supo cuanto tiempo permaneció en medio del pasillo, en pie, quieta y mirando la nada. La voz de Dalia la sacó de la emoción que se repetía en ella como la replica de un terremoto.

¿Qué tal estás?

Ella miró a Dalia y frunció el ceño.

Creo que bien.

¿Y Clarice?

La morena recordó a aquella joven.

No lo sé.

Dalia la miró fijamente.

Sabrías al menos que es la hermana de Rimes...

El asombro en la cara de Spencer era digno de decorar la sala de un museo. Dalia pensó que jamás había visto una expresión tan graciosa.



Cuando Spencer entró al instituto, volvió a sentir la sensación del día anterior. Apreció que no sólo la observaban los alumnos que se encontraban en el jardín, sino que también los de las aulas desde las ventanas. Recordó su beso con Bruce y aunque no tenía la menor idea de que significaba, sabía que había ganado algo. Y aunque en parte quisiera negarlo, estaba alegre, porque aquel chico le gustaba más y sentía que quería conocer más de él.

Mirando a los estudiantes, frenó en medio del patio, asegurándose de que la miraban bien. Alzó el puño y sacó el dedo corazón.


Que les den.

12 comentarios:

  1. Ay, y ahora qué!? No me dejes con esta intriga hombree jaja

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  2. Ay, y ahora qué!? No me dejes con esta intriga hombree jaja

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  3. Has subido capítulo, debes de estar enferma o algo xD que ganas de saber más. Adoro tu historia ya lo sabes :)

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  4. tanto tiempo sin actualizar que ya ni recordaba bien la historia :s no le hagas eso a tus lectores por favor! por lo menos actualiza una vez a la semana!!

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  5. Oh me ha encantado. Pobre Spencer cuando no le llueve le llovizna, y como siempre en su maldito instituto de pacotilla le va horrible.
    Y bueno llegó Clarise, vaya y eso que le soltó todo lo que pensaba de él, jaja pero que esta mujer no entiende a hablar de alguien solo cuando conoces a la persona.
    Oh y ese beso, vaya! Espero y no se la ponga tan fácil porque Bruce sí se ha portado como un verdadero cabrón con ella.
    Muchísimas gracias.
    Espero y sigas actualizando pronto, nos tenías muy abandonadas.
    Gracias. Un beso. Bye.

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  6. Hola, me encanto el capítulo. Llevaba meses esperando que actualizaras. Nos has dejado algo abandonadas è,é
    Me preguntaba también si te gustaría dejar en mi proyecto `` Una biblioteca para tu blog´´. Si me pudieras dejar un correo para poder contactarte te lo agradecería y te lo explico de qué va y demás.

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  7. Sigue escribiendo por fiii

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  8. Uhh la verdad esta historia cada vez es más similar a Boys Over Flowers ... Además te demoras demasiado en subir los caps.. :/

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    1. No sé hasta que punto se parecerá a Boys Over Flowers porque no lo he visto, pero sí se hasta que punto se parece a No me lo digas con flores, el manga n el que se basa el drama. Que por cierto, intenré ver Boys Over Flowers y lo quité espantada al ver lo poco que se parecía a la historia original, al menos el principio.
      Y si me demoro es porque tengo una vida y unos estudios. Y no cobro por esto. A ver si voy a tener que escribir una entrada solo para que quede claro a la gente esto.

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  9. Dioss!!, A partir de aqui empezara lo bueno, espero jaj me a encantado este capitulo, habia de todo: Enfado, tristeza, alegria y un Beso!!, que se sabia que ocurriria algun dia pero no me lo esperaba en este, Eres Increible!!, una GRAN ESCRITORA, Sube capitulos cuando puedas, yo por mi parte entiendo, que no puedas amenudo, tienes una vida y muxas cosas mas :) asique tu tranqui un beso y sigueela :))

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  10. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  11. Yo se que una tiene su vida sus estudios... y esas cosas pero pasan ya tres meses desde que publicas yo creo no se yo.. que en todo este tiempo deberías haber tenido tiempo es una suposición no una acusación.

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Por favor, di lo que piensas <3